Las Edades de la Sopa - a propósito del día de las madres


Tal cual ahí estoy reflejada sin pele de expresión (ver foto), la sopa fue mi mayor tortura durante mi infancia. Nada me daba más pánico que aquella sensación caliente y grumosa que con tanto ímpetu ofrecía mi mamá. 
Se necesitaron muchos pero muchos años para que la sopa y yo tuviéramos un encuentro diferente, fue como una guerra fría o mas bien caliente, en donde ella: la sopa, iba perdiendo poder ante el aumento de mi autonomía.

En varias ocasiones he visto una leyenda que dice algo así como que nuestra relación con los padres en la niñez es de protección, en la adolescencia de rebeldía, en la juventud de respeto, en la adultez de admiración y en la vejez de nostalgia; bueno pues como para mi: sopa y mamá, son la misma cosa, no pude hacer menos que tomar esto de referencia y analizar que carajos me ha pasado con la sopa para que pasara de ser mi gran amargura a mi fiel aliada.

Resulta ser que por esas vueltas de la vida, yo fui de aquellas niñas que no comen ni aire, por lo cual mi madre altamente preocupada con el asunto, optó por licuar todo lo que yo rechazaba y literalmente me lo embutía en un acto de solidaridad alimentaria que yo interpretaba como tortura china. S
Su argumento de que era para que estuviera como: "la mujer maravilla" jamás me convenció, pero digamos que yo apelaba a su capacidad protectora y de alguna manera sobrellevé la situación. 

A esta edad un niño no tiene la capacidad de comprender cuando las cosas se hacen "por su bien", pero en el fondo sabe que la mamá por antipática que parezca a la final..... no lo es. aunque te de sopa.  

El tiempo fue pasando y me llegó la adolescencia, etapa en la que el ser humano propiamente adolece y no se aguanta ni el mismo. Aquí le caí con todo el rigor de mi raciocinio a mi mamá a exigir en retroactivo unos derechos mal fundados de libertad de gustos gastronómicos sin acordarme siquiera que no se trataba de que me gustara o no, sino de que sobreviviera a la inapetencia absoluta.
Recuerdo arder de rabia cuando le escuchaba decir a sus amigas entre risas socarronas, que ella licuaba frijoles, arroz y ensalada y yo huía por toda la casa pero que al final ella victoriosa lograba darme el brebaje. (ojo aun lo hace, la diferencia es que hoy la amo por eso).

Bueno y se llega la juventud y en estas ansias de volar tan grandes que tenía y quizás huir de la sopa y de todo lo que me era familiar, fui a dar a Ecuador, hermoso país metido en los andes, que de la mano de sus paisajes y novedades, trajo para mí: el frío de una ciudad a 2.800 mts de altura y la escasa o nula capacitación para elaborar mis propios alimentos; fue así como sin otra opción caí en los brazos de los locros: unas sopitas criollas ecuatorianas maravillosas que te calientan, animan y recomponen. No imaginan los debates de pecho que me di al pensar que llevaba toda mi vida jajajaja escasos 20 años, siendo la reencarnación de Mafalda fiel opositora de las sopas, y que ahora me hallaba encantada de felicidad tomando cuanta crema, locro y caldito me ofrecían. No fue fácil reconocerle a mi mamá que mis gustos estaban cambiando y no propiamente venido de sus manos.

Se fue la juventud con sus buenas y malas y me llegaron los 30´s: década maravillosa donde la autonomía y el plantarse ante la vida se hacen con ganas, duélale a quien le duela y sin que uno pierda una pizca de glamour. Ya acá, desde estos años geniales, me convertí en amante de la cocina por profesión y vocación. Empiezo a descubrir entonces, como si no lo hubiera tenido frente a mis ojos desde siempre, que las sopas son lo máximo y que mi mamá es la mejor cocinera que jamás he conocido, mi musa, mi inspiración.

Feliz Día de la Madre, mami !!!!

"Nos desplazamos cuando pasamos de una situación A a una situación B en pro del crecimiento personal y nuestro bienestar"

Comentarios

  1. Amiga, me apego totalmente a este escrito y me veo reflejada en la foto de Mafalda. También sufrí lo indecible con la sopa, con la diferencia de que mi mamá no me perseguía por la casa porque yo si era de buen comer!! Un abrazo!

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    1. gracias lou por compartirlo. a ver si en estos días hacemos un exorcismo sopuno.

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