Gira el cuerpo primero, lo aprendí del espumoso
De los vinos espumosos podemos mencionar muchos atributos: frescos, alegres, chispeantes, coquetos, en fin.
Me agrada ver por ejemplo, ese efecto maravilloso que causan en el paladar, al preparar las papilas gustativas para recibir con beneplácito cualquier bocado que le suceda, convirtiéndose así en el gran aliado de un anfitrión y esto por no adentrarme en otro tipo de alianzas para las cuales un buen cava o un champagne pueden ser la opción más adecuada.
Este tipo de vinos me hace pensar en la creación de contexto de las buenas conversaciones, donde la maestría radica en generar una atmósfera entre sugestiva y honesta, que permita la confianza suficiente para abrirse a la escucha, a la opinión, a la legitimación del otro.
Pero no es del producto de lo que deseo escribir hoy, sino de su envase, pues tantas burbujas presentes en una botella hacen que destapar un espumoso tenga su ciencia.
Yo he visto todo tipo de gestos y esfuerzos porque suele suceder que después de retirar el alambre con el que se cubre el corcho, alambre que por cierto siempre tiene seis vueltas, el corcho resulta estar firmemente atrapado en la botella y al parecer se requiere de la ayuda de un experto o del más musculoso del lugar para hacer posible tal hazaña.
Por mucho tiempo estuve convencida entonces, que debiluchos como yo jamás harían siquiera el intento y por ello pasó a categoría de imposible imaginarme viviendo en carne propia esa experiencia entre peligrosa y placentera de apuntar el corcho a lo lejos mientras se disfruta del sonido pomposo de las burbujas en libertad.
Sin embargo, un día me dijeron, inténtalo! solo que gira la botella en lugar del corcho. Y así fue, lo intenté, sostuve firmemente el corcho mientras fui girando el envase y poco a poco una presión fue empujando mi mano con gentileza hasta permitirme ser dueña del momento que había imaginado.
Revivo este momento, no solo por lo agradable que resultó ser, sino porque me hace pensar en uno de los cambios en el modo de ver la vida, más poderoso que logré descubrir a partir del Coaching: la postura corporal.
Yo solía ser de aquellas personas que hacía de su cabeza un enredo intentando explicar situaciones con las que no me sentía conforme.
Muchas conversaciones que inexplicablemente siempre eran un desastre, grandes propuestas que creía tener para entregar a otros y no parecían tener acogida, círculos viciosos de charlas que no llegaban a ningún lugar. Era desgastante pensar hasta perderme en mis propias reflexiones y nunca en todas esas cavilaciones se me ocurrió creer que mi postura podía ayudar, que mi lenguaje corporal era la clave para girar adecuadamente mi comunicación hacia caminos más fluidos y de participación.
Inclusive recuerdo mi escepticismo cuando se ofreció biodanza como complemento de mi preparación como coach.
Aquello de andar danzando en un salón frente a muchos desconocidos no era de mi mayor agrado.
Y ya lo ven.......como todo aprendizaje toma su tiempo y en la medida que se ven los resultados nos convertimos en firmes embajadores de lo que nos resulta exitoso en nuestro oficio, heme ahí en la foto, convencida y libre, marchando el caminar de la determinación ante un grupo de posibles escépticos como lo fui antes. Mucho antes de la biodanza y mucho antes que el espumoso me mostrara que para acceder a las burbujas hay que girar primero la botella.
Si el cuerpo no acompaña lo que decimos, probablemente no recibamos todo lo que el entorno tiene para nosotros.
Inclusive recuerdo mi escepticismo cuando se ofreció biodanza como complemento de mi preparación como coach.
Aquello de andar danzando en un salón frente a muchos desconocidos no era de mi mayor agrado.
Y ya lo ven.......como todo aprendizaje toma su tiempo y en la medida que se ven los resultados nos convertimos en firmes embajadores de lo que nos resulta exitoso en nuestro oficio, heme ahí en la foto, convencida y libre, marchando el caminar de la determinación ante un grupo de posibles escépticos como lo fui antes. Mucho antes de la biodanza y mucho antes que el espumoso me mostrara que para acceder a las burbujas hay que girar primero la botella.
Si el cuerpo no acompaña lo que decimos, probablemente no recibamos todo lo que el entorno tiene para nosotros.



Para mi la sensación al leerte y recordar tu proceso antes y después de que decidieras girar tu cuerpo fue exactamente tan alegre y chispeante como los últimos espumosos que catamos juntas!
ResponderEliminarFelicidades y Salud!