Me sabe a arequipe extradulce





Creemos ilusamente que con la adolescencia culminamos esa íncomoda etapa de ajuste involuntario, de odios y amores con uno mismo. 
Damos por hecho que aquello quedó en el pasado, pues en lo sucesivo cualquier bajón emocional será racionalmente reflexionado y afrontado como los adultos maduros que ahora somos. 

Es entonces cuando nos encontramos, a las puertas de los 30´s, los 40´s, 50´s con una especie de revancha adolescente, donde pareciera que nada cubre nuestras expectativas de vida y a falta de respuestas propias aparece nuestro entorno: amigos, familia, colegas y hasta el vecino, ofreciendo consejos de la más variada gama. 

En un principio escuchamos con atención a los demás y hasta tomamos nota de cada sugerencia; sin embargo, entre más complacemos las voces de otros, menos conseguimos cubrir nuestras expectativas. 
Seguir las voces de otros, antes que complacernos, nos empalaga. Así como el arequipe extradulce. 

El joven de 17 años entiende que no tiene el control de su vida y se apasiona por conseguirlo, persigue el "quiero ser"; muy diferente del treintón o cuarentón que ya lo "dejaron ser" y teoricamente tiene su vida bajo control. 

Si conocernos a nosotros mismos es un proceso complejo, reinventarnos se convierte en el gran desafio de nuestra madurez. Significa reconocer que a nuestra edad, algo falta para hallar la trascendencia de nuestros actos, que a pesar de estar complacidos con el trabajo, la familia y hasta los hobbies, existe un espacio aún pendiente; y lo más interesante es que no tenemos ni la más remota idea de cómo es o en qué consiste. 

Se requiere valentía para emprender esa búsqueda, vulnerabilidad para ponerle literalmente el pellejo a lo que ese camino represente y mucho amor propio para hacer conciencia constantemente de que sólo cuando conferimos sentido a nuestra vida, encontramos la plenitud del Bienestar. 
Mi respeto y cariño para todos los reinventones!


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